camino a la revolución energética

Camino a una Revolución energética…

Generar nuevas fuentes de energías renovables derivadas de los materiales más impensables y llamativos es una alternativa que promete en estos tiempos en que la defensa y cuidado del ambiente en que vivimos es un gran desafío.

El tratamiento de residuos (incluso los cloacales) u otras fuentes orgánicas como pueden ser las algas y hasta el café son algunas de las alternativas.

La basura que sirve

Existen bacterias que, en ausencia de oxígeno, cuando degradan los restos de residuos orgánicos, emanan un gas llamado metano, altamente inflamable. En esta línea, si almacenamos basura en un tanque cerrado y colocamos estas bacterias, estaríamos generando gas metano y acercándonos a lo que se llama biodigestión, para producir biogás (energía que se extrae de materia orgánica)

Si bien hay un gran desarrollo internacional al respecto, que sirve para el procesamiento de residuos orgánicos y su aprovechamiento energético, «es más barato tirar la basura en un predio y que se acumule y se degrade sola, sin intervención alguna, que otorgar recursos a un sistema preparado para almacenar toneladas de basura diaria”.

El poder de las algas

Los investigadores buscan las algas que logren crecer rápidamente y generen suficiente aceite en su interior, para luego ser cosechadas, secadas y prensadas para extraer su aceite y con este hacer biodiesel, además, el gran beneficio es que podrían cultivarse algas en lugares donde el agua presenta altos índices de contaminación, ya que las algas absorben todos los nutrientes que encuentran en el agua, actuando como depuradoras y aceite en su interior para convertir en energía.

¿Café y chocolate que dan energía?

Los especialistas, sostienen que el café tiene un resto de entre el 5 y 10% de aceite, por lo que en vez de tirarlo se lo podría prensar para producir biodiesel.

Repasar estas bioenergías nos acerca al comienzo de una revolución energética que cada vez cobra más sentido si dimensionamos el reto que tenemos delante, “cuidar nuestra tierra”.

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